y a tí…qué te hace sonreir?

Ah no, hoy advierto desde el principio, esto es una exhibición de poder, así como se escribe. Dicho queda.

Empiezo a estar harta, y no de unas buenas viandas, considerada la época en que escribo, de que me hagan notar, cercanos como ajenos, ‘lo bien que se me ve’, ‘lo bien que me encuentro‘. Wow!, que sé la gente es arrogante y metiche como nunca, que sé ya no tiene límite la grosería de decir la primera, y la segunda también,  ‘parida’ fuera de contexto y casi siempre susceptible de intromisión al honor y siempre a la intimidad del interlocutor, insisto sea de alguien conocido o de fortuito encuentro, lo sé, pero la obscenidad que me provoca también la sé.

Tengo asumida querencia a la provocación, que no es voluntariosa cuanto de vital necesidad, de acuerdo, sé que entre mis innúmeras y ya diagnosticadas características, un tanto problemáticas, de definición personal, se encuentra la angustia catárquica  del segundo en que no pasan cosas, ergo es el miedo porque esta ausencia llegue el que me domina y lleva a provocar ocurran cosas. Ya me disperso, no, apenas introduzco lo que venía yo a decir, que recurro de un tiempo a esta parte a la justificación en prestada locución, con el avieso propósito de eludir me miren en tiempo real, de ‘…cuando era joven y bella‘. Generalmente se malentiende la intención y el mensaje, algo que me ocurre también con tediosa recurrencia, tal  intención no es añorar lo que fuí y el tiempo me dió, sino el orgullo de lo que el tiempo me reporta… qué lástima y qué pereza.

En fin, ‘ay de mi infelice’, querida mía! El caso es que una vez más compruebo la osadía envidiable de la ignorancia.

Que fué Rimbaud, sobre tener 17 años, quien acuñó la locución ‘joven y bella‘, ya ves, aún lo uso yo imaginando bien de años mayorcita, olvidé si alguna vez viví tal edad, no debió ser suculenta en suficiencia. Dice, “on n’est pas sérieux, quand on a dix-sept ans/Un beau soir, foin des bocks et de la limonade/Des cafés tapageurs aux lustres éclatants/On va sous les tilleuls verts de la promenade…”, que supera la obviedad de las hormonas de los 17, para reflejar actos de rebeldía, de alterar las reglas, de descubrir, sin control de posible descubrimiento.

Obsceno, osado, qué palabros que cierren párrafos, importa poco y nada.

Qué sabe nadie que sonrío, que sonrío mucho, que en mi natura está el sonreir por infinitud de sensaciones de emociones de colores de sabores de pensamientos de recuerdos de mensajes de palabras de besos de recuerdos de besos de anhelo de besos de futuro de presente de inmediato acontecer de lo que va a ser cuando decida voy a por tí. Todo eso me hace sonreir en cualquier momento en cualquier lugar.

Y a tí? te hace sonreir qué? qué pasa en qué parte de lo que eres que provoca un orientalizar tus ojitos?

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Hay sonrisas que no son de felicidad, sino de un modo de llorar con bondad.”                                    Gabriela Mistral

 

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